
Lloré.
Hoy murió Carlos Mosiváis y aunque suene exagerado, me sentí tan triste que lloré. Mientras me corrían las lágrimas por las mejillas, le pregunté a mi hermana quién será ahora el que diga lo que Monsiváis se atrevía a decir y, sobre todo, quién tendrá el espacio (bien ganado) para ser crítico y directo como él, sin rodeos ni miramientos.
Alguna vez escribí aquí la anécdota de cuando me lo encontré en la Lagunilla y yo, muy sonsa, sólo atiné a lanzarle una sonrisa porque su rostro me pareció muy familiar, no fue sino hasta dos minutos después que caí en cuenta de que se trataba del buen Monsi quien, al verme sonreir de esa manera, siguió su camino pensando quizás que yo era una muchacha loca.
En la feria del libro del zócalo de la ciudad de México de 2008 lo vi firmando libros y corrí hacia Santa María para recoger uno de mis más preciados tesoros (Imagen de la tradición viva) y llevarlo de regreso al zócalo para que me lo firmara. Había dejado apartado mi lugar en la fila y llegué justo en el momento de tomar mi turno; cuando me vio llegar toda sudada por la carrera en el metro y en la calle y con este inmenso y pesado libro de 671 páginas y 1500 pesos, me miró como con sorpresa y atinó a soltar un "AYYY" suave. Firmó mi libro y yo me fui feliz:
"Para Amalia, esta demostración que el Espíritu es más pesado que la Materia. Con el saludo afectuoso de Carlos Monsiváis, 2008".
Cuánta razón tenía, claro que pesará más su Espíritu, aunque no puedo negar cuánto extrañaré saber que andaba entre nosotros por esta tierra.
Muchas letras para Monsiváis, que nadie guarde silencio.